Mostrando entradas con la etiqueta * Ética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta * Ética. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2009

Principios éticos para la práctica periodística


El siguiente es un documento de referencia ética para los integrantes de FOPEA. Es el producto de una año de debate específico y de varios más de trabajo en busca de una reflexión y una autocrítica que permitiera a este grupo encontrar algunos principios comunes sobre la práctica profesional.

El último tramo de esta senda comenzó en diciembre de 2005 cuando FOPEA publicó junto a la Fundación Konrad Adenauer un estudio comparativo de códigos de ética en el mundo y un análisis de la situación en la Argentina. El trabajo incluía un anteproyecto de código que fue debatido por los socios y fue puesto en la mesa de discusión en Buenos Aires y 15 provincias del país.

El documento final fue firmado el 25 de noviembre de 2006 como cierre del Congreso Nacional de Ética Periodística realizado por FOPEA en la ciudad de Buenos Aires, y desde entonces es de carácter obligatorio para todos los que integran el FORO DE PERIODISMO ARGENTINO.
[+/-]
Principios éticos para la práctica periodística
I - Valores Esenciales

1. Los periodistas que integran FOPEA se comprometen a buscar la verdad, a resguardar su independencia y a dar un tratamiento honesto a la información.

2. Son objetivos irrenunciables para el periodista el rigor y la precisión en el manejo de datos con el fin de alcanzar una información completa, exacta y diversa. La distorsión deliberada jamás está permitida.

3. Los valores esenciales de los periodistas que adhieren a este Código son el respeto a los principios de la democracia, la honestidad, el pluralismo y la tolerancia.

4. Las restricciones, presiones y amenazas forman parte del ejercicio periodístico cotidiano, pero ello no justifica ningún tipo de recurso prepotente ni ilegítimo para obtener información. El periodista debe evitar ejercer cualquier tipo de acoso.

5. El buen gusto es un valor periodístico, por lo que la curiosidad escatológica, la estridencia innecesaria y la morbosidad son actitudes a evitar.

II - Métodos

6. El buen uso del idioma español es una rigurosa obligación del periodista. El léxico debe ser rico y cultivado tanto como respetuoso de la diversidad hablada por la sociedad en la que el periodista ejerce su profesión.

7. Los métodos para obtener información merecen ser conocidos por el público.

8. En casos de necesidad, cuando no exista otra forma de obtener una información, el periodista puede acordar con la fuente que no será identificada, es decir, que su testimonio estará bajo un convenio de “off the record”. Las condiciones del diálogo establecidas al comienzo de la conversación serán estrictamente respetadas por el periodista, sin que la catadura moral del entrevistado justifique el incumplimiento de lo pactado. En el caso de que se conviniera con la fuente, el concepto del “off the record” debe ser tomado en la forma más extensiva, que impide no sólo identificar al informantesino también publicar el contenido de la información suministrada.

9. Ninguna nota requiere el permiso de una fuente antes de ser publicada, como así tampoco el texto de las entrevistas necesita ser revisado por el entrevistado.

10. Los periodistas no aplican métodos propios de los servicios de inteligencia para obtener información. El uso de procedimientos no convencionales para lograr datos u obtener testimonios puede ser considerado sólocuando se viera involucrado un bien o valor público. Nunca debe afectarse con ese fin la intimidad de las personas.

11. Corresponde que el periodista se identifique como tal.

12. Las citas deben respetar fielmente lo que las fuentes dicen, tanto en su contenido como en su espíritu, sin supresiones distorsivas. Cuando se trate de fuentes no entrenadas, se evitará potenciar una dificultad de expresión o una mala sintaxis.

13. Las fotografías y tomas de video deben ser exactas y fieles a la realidad que intentan reflejar. Eso excluye las escenas montadas con propósitos de manipulación. Cuando se realice un montaje, debe ser claramente explicitado que se trata de una recreación.

14. La información debe ser claramente distinguida de la opinión.

15. Copiar fragmentos de trabajos existentes sin mencionarlos con carácter de citas constituye plagio y es una falta grave.

16. No indicar que un suceso noticioso fue descubierto por otro periodista e informar el hecho como si fuera un hallazgo propio es una explotación deshonesta del trabajo ajeno y constituye, por lo tanto, una forma de plagio.

17. Ninguna noticia justifica poner en riesgo una vida. En las coberturas periodísticas de tomas de rehenes, el periodista no obstaculizará la tarea policial y judicial, y dejará que exclusivamente los funcionarios públicos se ocupen de resolver la situación.

III - El periodista como individuo

18. Es incompatible con la profesión periodística la difusión de mensajes publicitarios explícitos o implícitos.

19. La información noticiosa y la publicidad deben ser claramente diferenciadas. La publicidad informativa, a veces denominada “publinota”, contraviene el principio fundamental e indispensable de caracterización, por lo que debe ser identificada como tal.

20. Los periodistas no deben participar de la negociación o tramitación de pautas publicitarias, tarea que está a cargo de áreas comerciales. En el caso de ser propietarios de publicaciones o espacios de radio y televisión que reciben publicidad, los periodistas deben derivar la contratación de anuncios a lasáreas específicas.

21. Los periodistas jamás deben prestarse a realizar operaciones de prensa ni a difundir información tendenciosa. Si una información de interés público proviniera de una operación de prensa, corresponde aclarar suorigen.

22. Ningún periodista debe aceptar pagos, retribuciones, dádivas ni privilegios de ningún tipo que pudieran pretender, de manera explícita o no, incidir sobre un manejo informativo particular. Los sobornos y las prácticas extorsivas son una falta grave.

23. Los periodistas no deben pagar por información.

24. La búsqueda de la excelencia es una constante en la vida del periodista y eso incluye su capacitación permanente y la mejora de sus prácticas.

25. El periodista sirve al interés público, nunca a objetivos sectoriales ni personales, y se debe considerar a la información como un bien social. El ejercicio de la profesión de un servidor público no habilita la obtención de beneficios personales. Ello no contradice el hecho de que, como trabajador, el periodista tiene derecho a una compensación equivalente a su utilidad a la sociedad, que le permita ejercer su profesión en las mejores condiciones.

26. En virtud de su compromiso con el interés público, el periodista debe evitar una vida condicionada por los lujos y aislada de las preocupaciones sociales.

27. Deben rechazarse los regalos y atenciones que pudieran ofrecerse como resultado de su trabajo o sus conexiones profesionales. Corresponde devolver al remitente los regalos con una explicación sobre los principios de ética periodística que impiden aceptar cualquier tipo de retribución de terceros. Podrían exceptuarse de esta regla los obsequios de cortesía, siempre que su valor no exceda los 30 dólares estadounidenses.

28. Es recomendable que los periodistas sólo acepten viajes si son pagados por los medios en los que trabajan. En caso de acceder a una invitación paga, esta situación debe ser indefectiblemente explicitada en la cobertura para que el lector, oyente o televidente, pueda evaluar la imparcialidad del trabajo del periodista. Los viajes que fueran meramente de placer o recreación no deben ser aceptados.

29. Es incompatible con la profesión del periodista cualquier tipo de actividad que afecte su independencia y el derecho del público a ser informado con honestidad.

30. Ningún periodista puede ser obligado a firmar un trabajo profesional que contradiga sus valores y creencias. De la misma manera, los periodistas no pueden aducir que fueron obligados a violar normas éticas.

31. El periodista debe rectificar la información difundida, en el caso de que así correspondiera.

IV - Respeto por la ciudadanía

32. El periodista debe respetar la privacidad de las personas. Sólo cuando se viera afectado un bien o valor público por un aspecto relacionado con la intimidad de una persona, puede prevalecer el derecho a la información de los ciudadanos por sobre la privacidad de un particular.

33. El periodista sólo podría mencionar cuestiones de religión, etnia, nacionalidad, orientación sexual, discapacidades físicas o psíquicas, etc., si ello fuera indispensable para comprender la información y dicha referencia no resultara ofensiva ni discriminatoria

34. Deben evitarse las generalizaciones que dañen a grupos minoritarios, las demarcaciones sexistas, las observaciones provocativas y los prejuicios de cualquier tipo.

35. En toda información debe respetarse el principio constitucional de inocencia de cualquier persona mientras una culpabilidad no hubiera sido probada judicialmente. Los pronunciamientos de las fuentes policiales no son suficientes para determinar culpas ni siquiera cuando tienen la forma de comunicados oficiales.

36. Siempre se debe buscar que la persona acusada de participar de un delito dé su visión de los hechos en la información.

37. En el caso de que víctimas de tragedias o incidentes, o sus familiares y allegados, prefirieran no exponerse a la prensa, debe respetarse su posición y evitar difundir imágenes o sonido del momento en el que rehúsan la requisitoria periodística.

38. No deben publicarse los nombres de víctimas de delitos sexuales, a menos que se cuente con su consentimiento explícito.

39. En ningún caso deben consignarse los nombres e imágenes de niños o adolescentes involucrados en actos criminales, ni siquiera por su nombre de pila, alias o apodo.

40. Debe evitarse la publicación de suicidios, a menos que se trate de casos de ostensible valor informativo.

V - Aplicación del Código

41. Este código considera las mejores prácticas profesionales y es de cumplimiento estricto para las personas integrantes de FOPEA, que están obligadas a respetarlo y hacerlo respetar.

42. La adhesión a estos principios y su cumplimiento es un requisito para formar parte del foro. Su incumplimiento es motivo suficiente para dejar de pertenecer a FOPEA.

La ética, cada vez más ausente de la TV argentina


Por Eduardo Kragelund

La televisión argentina nunca se caracterizó por ser un ejemplo de ética periodística.
En algunos casos ―demasiados, por desgracia¬― es como pedir peras al olmo. A diario aparecen en la pantalla chica "periodistas" que no son, en realidad, periodistas. Se trata de locutores travestidos en reporteros que se dedican a leer lo que otros les escriben o se largan a editorializar ―lo que es más grave, aún― apelando a un sentido común que arrasa con los fundamentos del periodismo. Para estos supuestos periodistas no existen normas éticas ni principios periodísticos, como contar con fuentes seguras y confiables para dar una información o el compromiso de respetar a estas fuentes aunque eso pueda costar la pérdida de una primicia.
En otros casos son realmente periodistas, pero por algún motivo (dinero y divismo, casi siempre) dejaron de serlo. También los vemos a diario en la tele. Posan de independientes y objetivos, incluso algunos se las dan de rebeldes o irreverentes. Pero es sólo parte del circo para “vender” mejor. Algunos de estos ex periodistas usan su rating para extorsionar a las fuentes. En otras palabras, cobran por dar o no dar una información. Otros, en cambio, no se venden a cualquier postor: sólo trabajan para algún funcionario o defienden los intereses de un grupo.
Sea como sea, entre los “formadores de opinión”, como les gusta llamarse, hay pocos en los que se puede confiar. Desafortunadamente, este problema no es exclusivo de la televisión. Pero lo que acaba de suceder con una cámara oculta del Canal 13, narrado en un comunicado de repudio del Foro de Periodismo Argentino (Fopea) que reproduzco a continuación, es sólo una prueba más de las incontables faltas de ética a las que ya nos tiene acostumbrados la televisión argentina.
[+/-]
Fopea repudia cámara oculta en un programa de TV

El Foro de Periodismo Argentino (Fopea) hace público su repudio a la utilización de una cámara oculta en el programa televisivo 70.20.10, que se emitió por Canal 13 de Buenos Aires el sábado 11 de julio. El citado procedimiento periodístico fue usado para grabar el testimonio de una mujer de 77 años que, por motivos personales, se encuentra en situación de prostitución, y que habría sido engañada por un equipo del programa días antes de la emisión, a pesar de que explícitamente había pedido que no se registre ni su imagen ni su voz.

12 de agosto de 2009
La mujer relató lo sucedido a gente que la está asistiendo legalmente. Dijo que hasta le “mostraron” que la cámara estaba apagada, lo que terminó siendo falso, tal como quedó demostrado luego en el programa que salió al aire.

Transcurridos los días, la vida de la víctima, de por sí complicada, encontró múltiples y graves inconvenientes originados en la difusión de su testimonio por un canal abierto de televisión en horario central, y que además luego fue repetido en otros programas. Actualmente la mujer se encuentra internada, con graves problemas de salud.

Fopea ha tenido históricamente una mirada crítica hacia la utilización abusiva de cámaras ocultas, y en 2006 plasmó una postura al respecto en su Código de Ética. Sólo en casos excepcionales, y si no hubiera otra opción, quienes integramos el Foro creemos que el registro subrepticio de un testimonio puede ser útil para dar cuenta de una información de interés público, siempre y cuando no se vulneren derechos personales y no se ponga en riesgo la salud, el trabajo o la vida de una fuente. Este extremo, queda claro, se ubica en las antípodas de lo ocurrido en el programa en cuestión.

Fopea entiende que la entrevista a la mujer afectada vulnera, como mínimo, tres preceptos básicos del periodismo, que están plasmados en los siguientes artículos del Código de Ética:

10. Los periodistas no aplican métodos propios de los servicios de inteligencia para obtener información. El uso de procedimientos no convencionales para lograr datos u obtener testimonios puede ser considerado sólo cuando se viera involucrado un bien o valor público. Nunca debe afectarse con ese fin la intimidad de las personas.

32. El periodista debe respetar la privacidad de las personas. Sólo cuando se viera afectado un bien o valor público por un aspecto relacionado con la intimidad de una persona puede prevalecer el derecho a la información de los ciudadanos por sobre la privacidad de un particular.

37. En el caso de que víctimas de tragedias o incidentes, o sus familiares y allegados, prefirieran no exponerse a la prensa, debe respetarse su posición y evitar difundir imágenes o sonido del momento en el que rehúsan la requisitoria periodística.

Ante el llamado de Fopea, desde la producción del programa 70.20.10 prefirieron no hacer ningún comentario al respecto.

Resulta evidente que, teniendo en cuenta la vulnerabilidad en la que se encontraba la víctima, la cámara oculta del programa 70.20.10 arrasó con el derecho a la intimidad de la persona que apareció en el informe citado. El Código de Ética de Fopea, como muchos otros en el mundo, promueve el “tratamiento honesto de la información”, y en este caso ni siquiera se tuvo en cuenta que la víctima, de avanzada edad, podría ver afectada su salud al hacerse público un testimonio que ella intentó mantener en reserva en todo momento.

martes, 11 de agosto de 2009

El papel del corresponsal de guerra


Por Jonathan Steele *

Uno de los resultados del aumento del poder de la televisión en el mundo moderno es el constante acceso que tenemos a la guerra. La guerra está en todos los salones. Apenas hay un boletín informativo que no contenga una noticia de guerra en algún lugar del mundo. Vemos armas, disparos, víctimas, refugiados, pero, como ocurre frecuentemente con lo que la televisión nos muestra, sólo se trata de un componente más de la realidad. Durante mi carrera en The Guardian, he trabajado en la cobertura de noticias de diferentes guerras. A menudo he tenido oportunidad de trabajar con reporteros de televisión, normalmente contando con que tenía que compartir sus coches blindados o, en caso de emergencia, pedirles sus teléfonos satélite. Como compañeros de trabajo, han estado dispuestos a colaborar y son gente interesante. Sin embargo, en general, mi trabajo como corresponsal de prensa me ha llevado a conocer los acontecimientos de un modo bastante diferente respecto al de los reporteros de televisión, y a veces incluso de un modo opuesto al de éstos. La cámara no miente, pero distorsiona y simplifica. También omite. Por tanto, parte de mi charla será necesariamente una crítica a la televisión. Vamos a ello...
[+/-]
Uno: la guerra mantiene una relación con la política.
El estratega alemán von Clausewitz fue el primero en decir que la guerra es la prolongación de la política por otros medios. Basándonos en esta idea, yo definiría el trabajo del corresponsal de guerra como la continuación de la información política en otro contexto.

No me disculpo por enfatizar la palabra "político/a", por atrevido que suene. En las pantallas de nuestros televisores vemos la guerra como dolor, tragedia, sufrimiento, como un drama humano, y por supuesto la guerra es todas esas cosas, pero también lo es un desastre natural como el Huracán Mitch, que causó la muerte de al menos 12.000 personas en América Central hace dos semanas, o la inundación que dejó a millones de personas sin hogar en Bangladesh, hace dos meses.

La guerra no es un desastre natural. Es una obra humana. Las guerras no ocurren porque sí. Se dan por causas políticas, y se llevan a cabo por objetivos políticos. Un corresponsal de guerra debe informar de la tragedia de la guerra, pero también tiene que explicar el por qué de la guerra. ¿Quién la empezó?, ¿por qué empezó?, ¿cuenta con apoyo popular? Si la paz se lograse, ¿hay bases reales para alcanzar un acuerdo político?

Todas estas preguntas pueden parecer muy obvias, pero si un corresponsal de guerra no está acostumbrado a confrontarse con ellas, corre fácilmente el riesgo de informar sobre la guerra como si ésta fuese una explosión irracional de locura. Incluso gente considerada "inteligente", con demasiada frecuencia cae en la trampa de ver la guerra como una especie de locura. Un número sorprendente de políticos europeos y estadounidenses parece olvidar que la guerra está unida a la política.

¿Con cuánta frecuencia oímos a los ministros de Occidente describir el conflicto de los Balcanes como el resultado de "viejos odios"? Otra cita favorita, repetida constantemente, es la que dice que llevan siglos matándose. Pues bien, la vida es mucho más complicada que todo eso, y un corresponsal tiene la obligación de recordarlo a la gente.


Dos: en la mayoría de las guerras no hay un frente
La imagen de la guerra convencional, en la que hay una clara primera línea de combate ocupada por hombres en trincheras, se debe en gran parte a la Primera Guerra Mundial. Las imágenes de las guerras actuales, en las que el cámara está lo mas cerca posible de los tanques o de las piezas de artillería mientras disparan, o en las que filman tropas en barricadas o en trincheras, tienden a reproducir este modelo. En realidad, la mayoría de las guerras de los últimos 30 ó 40 años no han tenido un frente claramente definido. La guerra es móvil y esporádica. Porciones de territorio son ocupadas por uno u otro bando, y la configuración de estos territorios cambia constantemente. En algunos casos, los territorios no están ocupados por ninguna de las dos partes, y la guerra se desplaza de un lado a otro. Recordad la famosa descripción de la guerra de Vietnam, donde los pueblos eran del Ejército de la República de Vietnam durante el día, y del Vietcong por la noche.


Tres: la mayoría de las guerras modernas llaman la atención por sus combates limitados
Gracias a la información televisiva, fácilmente se tiene la impresión de que en la guerra hay enfrentamientos constantes. Los directivos de los estudios de televisión quieren mostrar acción. Quieren imágenes de disparos, de tanques en movimiento, y rebeldes agazapados contra las paredes. A ser posible, quieren que haya fuego cruzado, pero en cualquier guerra de guerrillas la actividad militar es relativamente pequeña. Apenas hay combates, en el sentido de dos partes disparándose y una de ellas retrocediendo. Normalmente, las guerrillas montan emboscadas o atacan, de noche, una posición determinada, como una comisaría de policía, o un puesto militar, y luego desaparecen. Al día siguiente, las tropas del gobierno pueden no hacer nada, o bien barrer los pueblos sospechosos de dar cobijo a la guerrilla. O van por pueblos que quizás no hayan albergado a ninguna guerrilla, pero igualmente se vengan.

Permitidme ilustrar estos tres puntos, con una historia que viví en Kosovo este año.

A comienzos de junio, nuestras pantallas de televisión estaban llenas de imágenes de refugiados de Kosovo. Cientos de ellos se arrastraban para subir una montaña en el oeste de Kosovo y escapabar por la frontera hacia Albania. Mujeres embarazadas, personas mayores y montones de niños iban haciendo su difícil camino hacia la seguridad albanesa, donde docenas de cadenas de televisión los filmaban a su llegada. Los reporteros intentaban llegar a los pueblos del oeste de Kosovo, desde donde venían los refugiados, pero les era impedido por las barricadas de la policía serbia. Toda el área estaba cortada. Cuando casi una semana después los serbios comenzaron su ofensiva, ni un periodista consiguió entrar.

El área afectada estaba a unos diez kilómetros de la segunda ciudad más grande de Kosovo, la ciudad de Pec. Recordé que había una red ferroviaria desde Pristina a Pec, y descubrí que había un tren que circulaba dos veces al día. Así pues, al día siguiente de mi llegada a Kosovo procedente de Londres cogí un taxi a las seis de la mañana hacia la primera estación que estuviese en el recorrido de Pristina. Era consciente de que podría haber policía en la estación principal, que probablemente me identificaría como forastero y evitaría que entrase, por lo tanto tenía mas sentido llegar hasta la siguiente parada, en un pueblo pequeño. Estaba seguro, allí no había policía y podía entrar sin ninguna dificultad. Una vez en el tren no tuve problemas. Todos eran albaneses. Ellos rápidamente adivinaron que era periodista y simplemente me preguntaron: "¿Decan"?. Decan era el epicentro de la ofensiva serbia; supusieron, y estaban en ello en lo cierto, que allí era adónde estaba intentando ir.

Para ser breve: un joven que iba en el tren y que hablaba un inglés excelente se ofreció a guiarme parte del camino. Nos mezclamos entre la muchedumbre en la estación de Pec y nos dirigimos a una "casa segura" en la ciudad, donde grupos de voluntarios llevaban medicinas para los heridos del pueblo. Hicimos una parte del viaje en carro (tirado por caballos), y parte a pie, por caminos polvorientos y atravesando campos.

No quiero aburriros ahora con detalles, pero permitidme hacer un rápido resumen de lo que descubrí y como se relaciona esto con los tres primeros puntos de mi relato de hoy. Por supuesto, esta no es una historia que la televisión podría haber hecho tan fácilmente como un reportero de prensa. Probablemente, un equipo de televisión hubiera sido demasiado llamativo para no ser descubierto.

Mientras viajaba por los pueblos de alrededor de Decan descubrí que estaban llenos de refugiados. En el granero de una granja había 300 personas escondidas. Un pueblo con una población de 900 habitantes, ahora tenía 7000 bocas extra que alimentar. Era obvio que la versión según la cual la población albanesa del oeste de Kosovo estaba huyendo hacia Albania no era cierta. Por cada persona que se iba a Albania, otras tres o cuatro se quedaban en Kosovo, refugiándose en pueblos que todavía no habían sido destruidos. Al hablar con ellos pronto descubrí el por qué. Se negaban a que hubiese una "limpieza étnica", dijeron. No iban a permitir que los serbios les echaran.

Por tanto, si recordáis el punto uno, el que decía que la guerra es cosa de política, observaréis que es un punto importante. La historia no consiste solamente en el drama humano de refugiados que van de un lado para otro. La historia tiene que ver con un determinado esfuerzo político de una mayoría de gente para evitar la "limpieza étnica".

En algunos pueblos vi a campesinos cavando trincheras y construyendo rudimentarias barricadas al lado de los caminos. Debo haber visto al menos a cien hombres armados, en distintos lugares, en los dos días que pasé en aquella zona, y ni uno llevaba el uniforme de camuflaje con el que más tarde se asoció al Ejército de Liberación de Kosovo, el ELK. Sólo eran campesinos que habían cogido sus rifles de caza y en algunas ocasiones Kalashnikovs de debajo de la cama, para defender sus pueblos. Fue el primer indicio de que un levantamiento nacional contra los serbios había comenzado, y que el movimiento para la independencia estaba convirtiéndose en facción armada.

Mi viaje de dos días también arrojó importantes evidencias de los puntos dos y tres: que la guerra es móvil y esporádica, y que generalmente hay poco combate real. Al hablar con los refugiados que procedían de diferentes pueblos comenzó a aparecer un denominador común. Los testigos describían como los serbios atacaban a un pueblo con artillería y armas pesadas sin haberles hecho ninguna advertencia previa. Después de uno o dos días, cuando ya la gente había huido, iban al pueblo y lo saqueaban, llevándose muebles, alfombras, televisores, joyas. Después incendiaban las casas. No se luchaba. Se trataba de un ataque perpetrado por una de las partes, seguido por saqueos e incendios. Esto me lleva al punto cuatro.


Cuatro: la estrategia es normalmente invisible; las tácticas no lo son
No podíamos estar seguros de lo que el presidente Slobodan Milosevic planeaba con este tipo de ataques, saqueos e incendios. ¿Creía realmente que de esta manera podría echar a todos los albaneses de Kosovo? ¿Estaba intentando intimidarles con la esperanza de que abandonan sus aspiraciones de independencia? ¿Estaba planeando dividir Kosovo de la misma forma en que había hecho con Bosnia?

Nada de esto era obvio, ni había forma de averiguarlo a menos de tener excelentes fuentes en Belgrado. Pero sí estaba claro que las tácticas de Milosevic implicaban un excesivo uso de la fuerza y no tenían ninguna justificación militar. Verdaderamente rozaban con los crímenes de guerra, puesto que la destrucción sin sentido de casas de civiles como forma de castigo colectivo es un crimen de guerra.


Cinco: cuidado con las falsas equivalencias
Las luchas necesitan dos partes, y es fácil caer en la trampa de poner a ambas en un mismo nivel. En el caso de Kosovo, las dos partes eran el ELK y la policía serbia. Las autoridades serbias, por supuesto, trataron de exagerar el papel del ELK, aunque los serbios naturalmente afirmaban que tenían toda la legitimidad. Ningún gobierno puede permitir la presencia de terrorismo en su propio territorio. Los serbios insistían en afirmar que sus acciones en Kosovo tenían por fin simplemente la eliminación del terrorismo.

Para los periodistas, esto suponía un gran reto, como ocurre con cualquier guerra de guerrillas. ¿Son los rebeldes terroristas? ¿Cuentan con un amplio respaldo popular? Y, en relación con el cuarto punto, ¿cuáles son sus tácticas? En el caso del ELK, estaba claro que algunas de sus tácticas equivalían a terrorismo. A menudo secuestraban a ciudadanos serbios y, en algunos casos, les mataban. También era evidente que el ELK había perpetrado algunas acciones de limpieza étnica. Ciudadanos serbios contaron cómo fueron sacados de sus pueblos y atacados sin haber hecho nada para provocarlo.

Por otro lado, también estaba claro que la mayor parte de las actividades del ELK eran defensivas. Las fuerzas del ELK estaban formadas principalmente por albaneses locales que tomaban las armas para proteger a sus familias y sus casas. Puesto que los ataques serbios continuaron durante la primavera, un número cada vez mayor de jóvenes albaneses que habían estado trabajando en Suiza y Alemania comenzaron a volver a Kosovo para unirse a la lucha.

También se puso de manifiesto que el ELK tenía un gran apoyo en Pristina entre profesionales de clase media, quienes previamente habían apoyado las políticas de paz de Ibrahim Rogova, el líder del partido político más grande de Kosovo. Lo más fascinante era que no veían ninguna contradicción en ello. Se podía respetar a Rugova como líder titular de Kosovo, pero aún así creer que la lucha armada era la única forma de avanzar. En otras palabras, las masivas ofensivas serbias había convertido al ELK en un movimiento popular.


Seis: recordar las complicaciones/complejidades
Un corresponsal de guerra se enfrenta a dos grandes peligros. El primero es el cinismo. Cuando se ve la crueldad, la degeneración y la fuerte tendencia, presente en las partes del conflicto, a deshumanizar al enemigo, es muy fácil ser escéptico, como observador no implicado. Sin embargo, no hay nada peor para un periodista que el escepticismo. Empaña el sentido de la curiosidad, porque se piensa que todo se puede predecir. Mina la energía y hace perder el interés por intentar entender lo que está ocurriendo.

El segundo peligro es que uno empieza a posicionarse. Si se empieza a pensar que una de las partes son los buenos y que la otra son los malos, entonces, se pierde la agudeza que este trabajo requiere. No quiero decir que no se deba tener puntos de vista políticos propios, o que no se piense que los objetivos de una de las partes merecen más apoyo que los de la otra. Pero no se debe permitir que esto impregne tanto el trabajo de manera que ya no se informe debidamente de los errores y crímenes, simplemente porque uno ha decidido que está "de un lado". En otras palabras: no se debe tomar partido.

Recientemente ha habido en Inglaterra un debate acerca de la ética del periodismo, entre lo que se denomina periodismo imparcial y el periodismo de compromiso. ¿Deberían los periodistas permanecer distantes, o deberían tomar partido?. En mi opinión, este debate es muy artificial. Por supuesto que los periodistas tienen que mantenerse fríos, y ser tan precisos y objetivos como puedan. Pero eso no evita que se sepa la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, o entre la justicia y la injusticia, y tener un compromiso con los valores de la decencia y la justicia.

Pero la guerra es siempre compleja. Para ilustrar este punto, permitidme que os presente un ejemplo de una experiencia que tuve en el pueblo de Mlecane, en Kosovo central, una mañana de junio. Llegué sin avisar, acompañado por un compañero de trabajo y un traductor. Había una furgoneta aparcada delante de una tienda en el centro del pueblo. El dependiente estaba cargando en ella todo lo que podía. Iba metiendo de todo: un congelador, paquetes de azúcar, refrescos, harina. Mientras él hacía esto, una señora mayor, vestida de negro, estaba llorando. "Mi hijo me abandona", decía en serbio, al tiempo que la furgoneta se alejaba. Un hombre mayor, serbio, censuró la partida del dependiente. "Pánico, pánico", murmuró. "Teníamos un acuerdo con los albaneses de que nadie se marcharía, y ahora lo están rompiendo".

"Estamos asustados", dijo un vecino albanés, un profesor de primaria. "Si todos los serbios se marchan, puede que la policía serbia ataque este lugar". Al igual que muchísimos otros pueblos de Kosovo, también Mlecane había mantenido una mezcla étnica durante las tensiones de los meses anteriores. Tenía 70 serbios y 1600 albaneses, pero estábamos asistiendo a un tipo de limpieza étnica lenta, causada por el pánico y la desconfianza. En un sector del pueblo, aproximadamente a un kilómetro, había un puesto de control del ELK. Al otro lado, a unos dos kilómetros, había un puesto de control de la policía serbia. Mlecane era una especie de tierra de nadie.

Los habitantes nos dijeron que el pánico comenzó cuando un grupo armado del ELK entró en el pueblo pensando que los serbios se habían marchado y que la policía serbia podría aprovecharse de esta ausencia para atacarlo. Molosav Staletic, el serbio mas viejo, se puso en contacto con Rrustem Gashi, su contraparte albanesa, para pedirle que sacase al ELK de allí. Poco después, dos serbios del pueblo que trabajaban como policías anunciaron que estaban planeando irse. Le dijeron al señor Gashi que el comandante del puesto de control les había ordenado que se fuesen. "¿Por qué? ¿Qué ocurre? ¿Os está molestando alguien?", es lo que Gashi les preguntó a los agentes de policía: "¿Qué sabe su comandante, un hombre de Belgrado, sobre la situación aquí, en nuestro pueblecito?".

El señor Gashi fue a consultar a los líderes políticos albaneses de la vecina ciudad de Malishevo. Ellos le dijeron que discutiera la situación con el resto de los serbios del pueblo. Le dijeron que le pidiese a la policía serbia que no fuese al pueblo. A cambio, los albaneses les garantizarían que el ELK tampoco entraría en el pueblo. Podía permanecer tal y como estaba, no harían nada. Durante unos días se mantuvo el acuerdo. Pero entonces observaron que las familias serbias que tenían niños pequeños se los estaban llevando. El dependiente serbio dijo que llevaba los niños al médico, pero volvía sin ellos. Fue el día antes de verle cargar les cosas de la tienda en la furgoneta y cerrar la puerta.

Otro albanés, Osman Gashi, el primo del hombre más viejo del pueblo, nos dijo que la confianza en los demás estaba desapareciendo. Si todos los serbios se iban, dijo y el ELK quería venir, el pueblo dejaría de ser tierra de nadie, pero él les daría su apoyo. "Nunca pensamos que seríamos la resistencia, pero ahora todos somos el ELK", comentó.

Seis semanas después, volví a visitar Mlecane poco después de la ofensiva serbia de julio. La mitad de las casas estaban sin techo y destruidas. Ya nadie vivía allí. Era imposible saber lo que había pasado, pero se podía imaginar. Probablemente, al marcharse los serbios del pueblo, había venido el ELK. Más tarde, los serbios saquearon y quemaron el pueblo, convirtiendo a los albaneses en refugiados.

De este episodio se pueden sacar muchas lecciones, pero una de las más importantes es que el odio étnico no es en absoluto algo automático. La gente puede vivir junto a los otros, y de hecho normalmente lo hace. En muchos casos es la guerra la que crea la polarización étnica, no siempre es la polarización étnica la que crea la guerra. Mi último punto es el número siete.

Siete: no hay que tener miedo de cuestionar la sabiduría convencional
En lo que se refiere a Kosovo, para The Guardian esto significaba dos cosas. En primer lugar, nosotros no nos íbamos a dejar atrapar en la cuestión de ser el brazo propagandístico de la OTAN. Recordaréis como el pasado octubre el enviado estadounidense, Richard Holbrooke, iba de Bruselas a Belgrado mientras la OTAN completaba sus preparativos militares para un posible ataque aéreo a Yugoslavia. Todos los días la OTAN presionaba un poco más, anunciando un posible despliegue de aviones o algún nuevo avance sobre el programa preparado. Mientras tanto, apenas se sabía algo de las conversaciones de Holbrooke. Esto creó un lógico desequilibrio, puesto que la OTAN proporcionaba un fácil acceso a los cámaras para filmar los preparativos militares mientras las conversaciones no producían nada interesante que ver. Se trató claramente de un ejercicio de propaganda masiva con el propósito de intimidar a los serbios.

Por supuesto que The Guardian informó sobre la concentración militar. No obstante, nos mantuvimos alerta a la estrategia política. No fue fácil, porque Richard Holbrooke no soltaba prenda. Gracias a nuestros contactos con políticos albaneses que se reunían con Holbrooke, pudimos hacernos una idea de lo que estaba pasando. Como resultado, The Guardian tuvo en exclusiva la noticia de que la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa iba a crear una misión de observadores. Al mismo tiempo, otros periódicos británicos publicaban en portada más reportajes sobre las actividades militares. Nuestra primera edición del lunes, 12 de Octubre, tenía como titular en la primera página "La OTAN cercana a un trato con Serbia". Veinte horas después el señor Holbrooke lo anunció.

El segundo caso en el que rompimos con la sabiduría convencional fue en las columnas de opinión de nuestro periódico. Según nuestra perspectiva, los políticos de Occidente se equivocaban al sostener que Kosovo no podría independizarse, sino que debía permanecer incorporado a Yugoslavia. Nuestro análisis, basado en un trabajo sobre el terreno, era que a los albaneses se les debía dar el derecho a la autodeterminación, y si el resultado era mayoritariamente favorable a la independencia deberíamos respetarlo. En tanto que Occidente insistía en mantener la integridad territorial de Yugoslavia, sería un aliado de Milosevic. Ya era hora de manifestar que Occidente reconociera que la crisis de Kosovo era parte de la lenta desintegración de Yugoslavia, iniciada en 1991. Occidente había aceptado la independencia de Eslovenia, Croacia, Bosnia y Macedonia. Ahora era el turno de Kosovo, y nosotros debíamos evitar que esto no se llevase a cabo.

Como periodista de campo, apoyé enérgicamente esta idea y contribuí a la formación de la política editorial de nuestro periódico. No me disculpo por eso. La gente dice a menudo que los corresponsales de guerra deberían limitarse a informar de los hechos y no meterse en política. No deberían involucrarse. Son tonterías, tal como ya he intentado argumentar. Los corresponsales de guerra tienen que ser cuidadosos, detallistas y pacientes a la hora de manifestar la complejidad de lo que ven. Pero no deberían olvidar, como dije al principio de esta charla, en relación con el estratega alemán von Clausewitz, que la guerra es una cuestión política, e informar sobre la guerra es ser un corresponsal político en otro contexto.

* Conferencia pronunciada en 1998 por Jonathan Steele, periodista del diario inglés The Guardian. Steele cubrió, entre otros conflictos, los que Angola, Afganistán, El Salvador, Nicaragua y Kosovo.

jueves, 16 de julio de 2009

Cuando los diarios no temen a la autocrítica

Diario sobre diarios

Un diario español publicó una nota sustentada en una sola fuente. La Defensora del Lector publicó un extenso texto rectificando la información y dando cuenta a los lectores del error en que se había incurrido al editar tal material. Mientras, en Argentina los diarios no tienen miramientos a la hora de editar títulos principales basados también en una o dos fuentes, con un agravante: varias veces son anónimas.[+/-]
Una vez más, un diario extranjero brindó argumentos para que los lectores de prensa argentina se retuerzan de envidia. Fue el diario español El País, del Grupo Prisa, el protagonista de la historia. Su Defensora del Lector, Milagros Pérez Oliva, rectificó una nota que una periodista del diario había publicado basándose en una sola fuente.

Lo que ocurre en el exterior parece no llegar nunca hacia nuestras costas. Fueron conocidas –y hasta difundidas por la prensa de nuestro país- las constantes autocríticas públicas de los diarios de Estados Unidos por distintos casos de desinformación (desde la difusión de la existencia de armas de destrucción masivas en manos de Saddam Hussein, hasta notas inventadas por sus reporteros). El País, por su parte, suele mostrar algunos mecanismos que le permiten transparentar de cara a su público los errores cometidos o diversas rectificaciones sobre datos u opiniones vertidas en sus páginas.

Algo muy distinto a lo que ocurre en nuestro país. Algunos recuadritos con “Fe de erratas” (en general referidos a confusiones menores), notas en donde se analiza la etimología de algunas palabras utilizadas por los periodistas y observaciones superficiales, es todo lo que se permiten los diarios porteños para exponer ante sus lectores.

Una recordada intervención del Defensor del Lector de El País, se conoció después de los atentados en Atocha, en la capital española. Allí, quien ocupaba ese cargo, Malén Aznarez, hizo una dura crítica al periódico por haber afirmado en su título principal que el ataque había sido obra del grupo separatista vasco ETA. Hizo la objeción pese a que el director del matutino le señaló que la fuente había sido el propio presidente, José María Aznar.

Otro ejemplo de apertura y pluralismo que mostró El País fue en 2007. Al cumplirse 40 años de la muerte de Ernesto “Che” Guevara, el matutino publicó un editorial con fuertes críticas al guerrillero latinoamericano. Los periodistas del diario consideraron excesivas esas calificaciones y escribieron un texto manifestando su disgusto por el editorial. La nota, firmada por los profesionales del diario fue publicada en las páginas, consignando que esa metodología consta en el estatuto que rige a la empresa periodística.

Diario sobre Diarios (DsD) ya publicó algunas notas en esta sección relacionadas con estos temas. En relación a la figura del defensor del lector, se editaron aquí tres trabajos: uno titulado “Los diarios argentinos violan los derechos de sus lectores”, otro recordando a Abel González, el ombudsman que tuvo el diario Perfil en su primera etapa (cuando era diario, en 1998) y otro con el análisis del desempeño de Nelson Castro como defensor en el Perfil dominical.

En referencia a publicar notas con la consulta de una sola fuente, no se publicaron estudios al respecto aquí, ya que el panorama en nuestro país es mucho peor: se editan títulos principales de los diarios con fuentes anónimas. Es decir, no ya una, dos o tres fuentes, sino ninguna (al menos identificable). En este sentido se puede leer una consulta que DsD hizo a editores de los diarios sobre esta práctica. Sobre la falta de autocrítica, se publicaron dos notas, una referida a la actitud de los medios durante la última dictadura militar y otra sobre la cobertura de los matutinos porteños de la guerra de Malvinas.

En este marco, uno de los objetivos de la actual Zona Dura es reflexionar sobre todos estos temas y resaltar la importancia de que existan profesionales en los diarios que revisen permanentemente y en forma pública los contenidos que se editan.

Para los editores que aún hoy consideran que tener un defensor del lector es puro “marketing”, para aquellos lectores que quieran tener una idea de cómo funcionan estas instancias de control de contenidos y para los periodistas amantes del secreto sobre sus prácticas, lo ocurrido en El País es, sin dudas, una enseñanza.


La nota de la polémica

“La muerte digna de una vida digna” apareció el domingo 7 de junio, en la revista dominical del diario español El País. La periodista Rocío García, que firmó la nota, presentó la historia de los últimos días de vida del ex diputado español Miguel Núñez. De su carrera política remarcó su lucha contra la dictadura de Francisco Franco. También destacó y valoró su última decisión: “eligió día y hora para poner final a su vida” delante de una cámara. A partir de ese momento dedicó extensos tramos de su texto a realzar el valor de la eutanasia y cargó contra “la hipocresía” de la sociedad española que, según la autora, rechaza este método.

La nota relató que Núñez, enfermo de silicosis, “decidió no morir en Madrid porque tenía miedo de que le afectaran los coletazos del caso Leganés, en el que el doctor Montes y su equipo de anestesistas del hospital Severo Ochoa fueron acusados de sedación irregular a enfermos terminales”. Por eso, explicó la autora, viajó a Barcelona, porque “deseaba morir dignamente”.

La crónica se apoyó en las declaraciones de “uno de los testigos de aquella muerte dulce”, el director de documentales, Albert Solé, quien constituyó la única fuente de Rocío García, una periodista que se especializa en la sección Cultura del diario. Según dijo en la nota, Solé se encontraba desarrollando el documental Al final de la ecapada con el lente de la cámara puesto sobre los últimos días de Núñez: “Fue un pacto implícito, nunca lo verbalizaron, pero los dos sabían que ‘eso’ era reflejar la muerte digna de una vida digna”.

Miguel Núñez murió el 12 de noviembre a los 88 años. En su artículo, Rocío García afirmó que “desde la víspera ya sabían que aquel (día) iba a ser el definitivo”. Añadió que junto a su lecho lo acompañaban su mujer Elena, su hija Estrella y el documentalista Solé, con su cámara. Citó al realizador que asegura que a los familiares “les expliqué que si habíamos llegado hasta allí en el rodaje teníamos que continuar. Ellas, con mucho coraje, accedieron”. A continuación la crónica entró en un terreno espinoso y dejó entrever que a Núñez le aplicaron la eutanasia: “Entraron unos enfermeros e inyectaron en una vía abierta en el hombro de Miguel el líquido que le induciría a la muerte”.

La periodista advirtió que “el documental no se recrea en los momentos finales”, pero da a entender que el político falleció gracias a la intervención de los enfermeros. Nuevamente reprodujo las declaraciones de Solé, único sostén de la historia, que señaló que el ex diputado “ha muerto cuando ha querido, y, cómo el dice en la película, es el último derecho que nos queda”.

Los últimos párrafos tuvieron dos ejes. Primero, hizo un repaso por “la historia” de Miguel Núñez; su lucha durante la Guerra Civil, la clandestinidad, la cárcel y las torturas. Después, realizó una breve descripción del documental que filmó Solé con base en la agonía del ex diputado.

A partir de las declaraciones del cineasta anuncia el estreno de Al final de la escapada para el otoño. A lo largo de toda la nota las declaraciones del Solé se repiten y son llamativas por su extensión y porque es el único testimonio que recogió la periodista.


La respuesta de la defensora

“La eutanasia filmada que nunca existió” se publicó en la misma revista dos semanas después. El descargo de la defensora del lector, Milagros Pérez Oliva, advierte desde el copete que “la viuda de Miguel Núñez rechaza la versión que se ha dado sobre la muerte del ex diputado” y remarca que “el reportaje de EL PAÍS se basó en un único testimonio”.

Desde la cuarta línea aseveró que “ni eligió día y hora, ni murió delante de una cámara”. Luego añade que “del reportaje se deduce que se le inyectó una sustancia que le causó la muerte y que la cámara estaba allí cuando eso ocurrió”, aunque acepta que eso hubiera estado en línea con el pensamiento del ex diputado que avalaba la despenalización de la eutanasia.

¿Cómo se enteró el diario del error? El jueves 18 –once días después de la nota- un íntimo amigo de Núñez, el urbanista Jordi Borja escribió a la ombudsman de El País para señalarle que la nota tenía “datos sorprendentes e inexactos”. Alertó que el artículo “prácticamente expone” que se le practicó eutanasia activa frente a sus familiares, y que eso “sería un delito que afectaría a estas personas y al personal de la residencia”.

El viernes 19, la viuda Elena García, llamó a la Defensora y le informó que un día después de publicada la historia, junto a su hija Estrella habían enviado al diario su derecho a réplica. Sin embargo, habían pasado once días y el periódico no había publicado la rectificación.

Pérez Oliva tomó cartas en el asunto y reprodujo las correcciones. La mujer de Núñez negó que una cámara haya filmado la muerte y, menos aún, que los enfermeros le hayan practicado la eutanasia. De hecho, aclaró que su marido no fue a Barcelona para que le apliquen ese método, sino que allí quería morir y allí había donado su cuerpo para la ciencia. Detalló que los enfermeros le aplicaban diariamente morfina, como parte del programa PADES, el servicio de cuidados paliativos del Servicio Catalán de la Salud y que “la imagen de los enfermeros corresponde a una de esas inyecciones. Ni siquiera es la última”.

Retomó la voz la Defensora que explicó que el título “La muerte digna de una vida digna” fue por cuenta del editor de la revista “que lo dedujo del texto”. Y añadió que la viuda no guarda rencor a la periodista, pero lamenta que no la haya consultado.

Frente al malentendido, la Defensora consultó a Rocío García, la periodista que firmó la nota, quien argumentó que “tanto las afirmaciones que pone en boca de Albert Solé como la explicación de los hechos que ella asumió como ciertos fueron objeto de grabación”. La Defensora del lector también habló con el documentalista que “asegura no recordar exactamente los términos en que se expresó en la entrevista” y que “se muestra conciliador con la viuda”.

Para Pérez Oliva, “la verdad es que lo que aparece en el documental es una inyección de morfina; que las imágenes de la muerte son del último día, pero no de la agonía, pues están grabadas por la mañana y Miguel Núñez murió por la tarde; que el enfermo llevaba varios días prácticamente inconsciente y, por lo tanto, no pudo fijar ni el día ni la hora de su muerte; y que no murió porque le inyectaran ninguna sustancia letal, sino en el curso de un protocolo de sedación del programa PADES. Como mueren miles de pacientes en Cataluña y en el resto de España”.

La Defensora incluyó en su nota varios testimonios para la rectificación. Su conclusión fue clara:

“El caso pone de manifiesto que una sola fuente no es suficiente, y menos tratándose de un tema tan delicado. La delgada línea que a veces separa realidad y ficción en el cine, puede haber viciado en este caso el único testimonio en que se basa el reportaje. Un documental no deja de ser en cierta medida una ficción. Este tipo de cine se basa en la realidad, pero admite licencias que el periodismo no se puede permitir. Si en una secuencia aparecen unos enfermeros que inyectan algo al paciente y la siguiente muestra a unos celadores retirando el cadáver, es fácil deducir una relación de causa efecto y hasta resulta poético. La elipsis es un buen recurso cinematográfico. El relato funciona. Pero en periodismo, el relato, para ser veraz, tiene que corresponderse exactamente con la realidad. No caben elipsis. O es o no es”.


A modo de conclusión

Una reflexión para lectores de diarios y periodistas. Todo esta polémica pública que aquí se comentó ocurrió porque una nota de información general (esto es, no publicada en las secciones calientes, sensibles a las presiones políticas o económicas), editada en un suplemento del matutino, se apoyó en una sola fuente, a la que identificó.

Como se dijo antes, la problemática en nuestro país es más profunda. Aquí se editan títulos principales de los diarios también con una sola fuente, con el agravante de que muchas veces ese informante es anónimo.

La prensa española suele ser criticada porque sus matutinos se encolumnan políticamente entre socialistas y populares, tal la división partidaria de ese país. Así, El País suele ser el representante mediático del PSOE (aunque con una cantidad de matices que harían tambalear esa afirmación) y El Mundo es quien traslada las posiciones del PP (con la misma salvedad, nunca de manera lineal).

Sin embargo, y pese a la excesiva “partidización” del periodismo, ambos matutinos tienen mecanismos de control y transparencia hacia sus lectores. Y lo aprendieron hace tiempo.

Con una sola fuente, no va.

sábado, 11 de julio de 2009

El Parlamento británico investigará el espionaje por la prensa amarilla

Lola Galán (El País, Madrid)

El escándalo de los métodos ilegales utilizados sistemáticamente por los tabloides británicos News of the World y The Sun para obtener exclusivas se agrava por momentos. El Parlamento británico anunció ayer que abrirá una investigación sobre el caso, mientras crece la lista de famosos, víctimas de las prácticas delictivas de periódicos que alcanzan una difusión millonaria.

El escándalo de los métodos ilegales utilizados sistemáticamente por los tabloides británicos News of the World y The Sun para obtener exclusivas se agrava por momentos. El Parlamento británico anunció ayer que abrirá una investigación sobre el caso, mientras crece la lista de famosos, víctimas de las prácticas delictivas de periódicos que alcanzan una difusión millonaria. La sociedad británica y la clase política se han visto arrastradas por un debate que pone en entredicho a la profesión periodística, pero que salpica también al líder conservador, David Cameron, cuyo portavoz, Andy Coulson, dirigió el News of the World hasta febrero de 2007.

Coulson se vió obligado a dimitir cuando, en 2006, se descubrió que el corresponsal real del tabloide, Clive Goodman, había pinchado el móvil del Príncipe de Gales, con ayuda de un detective, Glenn Mulcaire, lo que le procuraba jugosas exclusivas. La investigación policial acabó con una sentencia condenatoria de cuatro meses de cárcel para el periodista, y seis para el detective. El director del News of the World aseguró entonces desconocer las prácticas delictivas de su subordinado.

Pero aquel caso quedó sólo aparentemente cerrado. El diario The Guardian destapó el jueves la segunda parte de la historia. News Group Newspaper, filial de prensa británica del imperio Murdoch, había pagado 1,2 millones de euros para cerrar acuerdos extrajudiciales con tres afectados más por las mismas prácticas y asegurarse su silencio. El diario londinense reveló también que la policía y la comisión que vigila las buenas prácticas en la información, habían tenido acceso, en el domicilio del detective Mulcaire, a listas de miles de teléfonos controlados. Además, la red de espionaje de News of the World, llegó a controlar los mensajes de móvil de muchos famosos más, en 2006. Entre ellos, el entrenador del Manchester United, Alex Ferguson, la actriz Gwyneth Paltrow, la modelo Elle Macpherson, el diputado liberal demócrata Simon Hughes, que se había declarado homosexual, el alcalde de Londres, Boris Johnson, el cantante pop George Michael y la ex ministra de Cultura Tessa Jowell. Ésta última, una presa apetitosa porque su marido, David Mills, era el abogado británico del primer ministro italiano Silvio Berlusconi. También el que fuera número dos del Gobierno laborista, John Prescott, fue víctima, según The Guardian de la persecución del tabloide. Algo que niega Scotland Yard, cuyo subcomisario, John Yates, ha señalado que no hay elementos suficientes para reabrir el caso.

Pero las comisiones, principal salvaguarda del establishment británico, no faltarán. Keir Starmer, director de la fiscalía, anunció ayer que su oficina procederá a un examen urgente del material nuevo publicado por The Guardian. También el organismo que regula las buenas prácticas de la prensa (Press Complain Comission) estudiará un caso cuyo primer capítulo tuvo ya ocasión de examinar en 2006, sin sacar demasiadas conclusiones al respecto.

Abogados de famosos que aparecen en las listas encontradas en el domicilio de otro detective que trabajaba para el periódico de Murdoch anunciaron que sus clientes están estudiando querellarse.

News Group Newspaper ha rechazado las acusaciones, aunque se ha negado a entrar en materia para desmentirlas. El caso ha permitido a las cabeceras rivales lanzar una andanada brutal contra las prácticas de un grupo que ha puesto contra las cuerdas a toda la profesión periodística en el Reino Unido. The Daily Telegraph acompañaba su información con declaraciones anónimas de antiguos redactores de News of the World, que hacían hincapie en lo rutinario de estos métodos denunciadas ahora públicamente. "Lo importante era conseguir la historia, a cualquier precio, y por los medios que fuese", dice uno de los entrevistados.

News of the World y The Sun se han mantenido a flote pese a la crisis feroz que ha diezmado las redacciones de los periódicos británicos, pero el coste ha sido elevado. Mantener un nivel de interés en sus lectores se hacía cada vez más difícil. "Tenemos la prensa más competitiva de Europa y, probablemente, del mundo", declaraba ayer Steven Barnett, profesor de Comunicación de la Universidad de Westminster a la agencia Reuters. De ahí el "todo vale" para triunfar.